 Fin de semana, primera hora de la mañana: sol, carreteras secas. Algo grande se percibe en el ambiente. Tomas un desayuno ligero, te enfundas el mono de cuero y enlazas una curva tras otra, a todos los ángulos posibles, largas y cortas, un sinfín de cambios complicados. Frenadas a fondo, una aceleración excelente, moto y piloto convertidos en uno, sintiendo en todo momento la trazada ideal como si fuera la primera vez, llevando la potente montura hasta el límite. ¿Añadimos un sonido fantástico? Toda tuya. La BMW R 1200 S, deportiva como ninguna, otra bicilíndrica.
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